El Tercer Mundo al rescate del Mundo Desarrollado

Experiencias de países en vías de desarrollo son útiles para abordar problemas de nuestro cuarto mundo

Hoy he recordado el concurso de ideas que lanzó a mediados del 2010 Carolina Vallejo y que tituló Design for the First World (D1xW), donde propone que los habitantes de los países en vías de desarrollo aporten ideas para hacer frente a problemas del mundo desarrollado como la producción de alimentos, la integración de la inmigración, la sostenibilidad, consumismo… La autora reconoce que la idea puede mover a la risa a muchos, de hecho nació como una “respuesta sarcástica” a un trabajo de clase en la Universidad de Nueva York; pero en realidad la propuesta no es más descabellada que la opción contraria, la de diseñar proyectos desde el mundo desarrollado “en remoto” o de “paracaídas”, sin contar con el punto de vista, las necesidades y prioridades de las personas a las que afecta.

El mundo desarrollado, y Europa más específicamente, parece dar muestras de no saber cuál es la receta para salir de la crisis que los ricos de los países ricos han provocado, y que está sirviendo para que esos ricos sean más ricos aún, a costa del bienestar de muchos millones de personas, que ven como su situación económica los aboca a la marginalidad sin que haya muchas opciones para evitarlo, ya que las decisiones que les afectan las toman personas que no las padecen, en función de criterios de rentabilidad económica que favorecen a bancos, inversiones especulativas, gobiernos con visión cortoplacista, agencias de calificación y organismos internacionales que representan a estos intereses.

¿Y en España? Pues parece que los españoles hemos perdido la memoria de cuando éramos un país en vías de desarrollo; ya no recordamos la precariedad de las condiciones de vida de la mayoría de la población, cuando no había clase media y, en la práctica, todos éramos “clase obrera”, emigrábamos y teníamos tono vital para hacer frente a situaciones difíciles. Cuando entramos en la prosperidad, hace menos de tres décadas, nos olvidamos de la vida en condiciones de austeridad: de los arreglos y reutilización del calzado, ropa, muebles, etcétera.

La situación actual nos devuelve a tiempos pasados, como un déjà vu, en esta experiencia nueva que tanto se parece a las carencias de épocas anteriores, con la diferencia de que ya hemos interiorizado los hábitos de nuevos ricos y sentimos la situación presente de forma más intensa, en especial cuando consideramos las causas que nos han llevado a la situación presente. Da la sensación de que hemos perdido, como colectivo, el instinto para resolver las situaciones de precariedad cotidianas con creatividad y hasta con humor.

En España nos encontramos en una situación anímica similar a la de los países colonizados. Muchos tenemos la sensación, de que nuestro destino como ciudadanos está en manos de instancias a las que no les importa las dificultades que soportamos: altos índices de desempleo, empleo precario, bajos o nulos ingresos para millones de personas, escasa esperanza de conseguir empleos estables y de calidad, dificultades crecientes para atender las necesidades básicas de la familia, dependencia de la asistencia social, etcétera.

El cuarto mundo crece en España a una velocidad sin precedente, dejándonos inermes, sin capacidad de reacción más allá de las protestas que muestran la frustración de una ciudadanía que no acaba de digerir que una parte importante de la solución está en sus manos. Necesitamos otra forma de ver la realidad, más creativa y centrada en las soluciones, donde la iniciativa de los ciudadanos es determinante para abordar y resolver los problemas de desempleo, abastecimientos de artículos de primera necesidad, vivienda, educación de adultos…

Sí, necesitamos ideas nuevas para afrontar los problemas actuales. Ya he hablado en este blog, de la posibilidad de aplicar fórmulas de innovación social ensayadas con éxito en Latinoamérica, África o Asia para hacer frente a problemas similares a los que tenemos ahora en España, en relación con la pobreza galopante que se abre camino en amplias capas de la población. Hablo de los negocios inclusivos, negocios en la base de la pirámide y de innovación social para dar una respuesta nueva a problemas que el sistema actual no puede resolver.

¿Tenemos la humildad suficiente para aplicar, como buenos alumnos, las soluciones que funcionan en el Tercer Mundo para nuestro Cuarto Mundo?

 Rafael Ortiz

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